La política establecida por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial tiene un fuerte enfoque social y una visión para transformar profundamente la economía mexicana. Sobre esto platicamos con su titular, Santiago Nieto Castillo.
¿Qué es el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial?
Santiago Nieto – El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) es una institución que surge en 1994 a partir de la negociación del Tratado Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). De alguna forma, con la presión de Estados Unidos, la idea era que hubiera en México dos instituciones paralelas que protegieran los derechos de autor y la propiedad industrial; por eso surgió el IMPI. Existe una tercera institución de esta época, el Centro Nacional de Metrología, que establece los parámetros globales de medición con el objeto de proteger la propiedad industrial. En ese contexto, en la época de Carlos Salinas de Gortari, nació con la visión de que tenía que proteger la propiedad industrial, particularmente, la de los socios comerciales de Estados Unidos y Canadá, y con la idea de un país que buscaba convertirse en un centro maquilador con base en la mano de obra barata. El resultado, después de más de 30 años de TLCAN —el primero y original—, fue positivo para México en relación con el incremento de recursos y el desarrollo económico; sin embargo, también hubo desigualdades sociales.
A partir de la expedición de la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, en 2020, al IMPI se le dotó de nuevas facultades y ahora tiene diversas competencias. Una de ellas es el registro de marcas, una parte técnica que tiene que ver con temas como los usos previos y la temporalidad del registro. Otra es la relativa a las patentes, que se relacionan con el desarrollo y la innovación tecnológica. El año pasado se registraron 700 patentes —un récord histórico de patentes mexicanas–, y en lo que va de este año 164. La presidenta Claudia Sheinbaum dijo que se tiene que incrementar el número de patentes mexicanas a partir de la interacción de institutos de educación, universidades y centros de investigación, tanto públicos como privados. Otra competencia del IMPI tiene que ver con la protección de la propiedad intelectual, tanto de los derechos de autor como de la propiedad industrial: los procedimientos contenciosos administrativos; ahí se instrumentan las medidas de frontera para detener el contrabando proveniente de las aduanas, las visitas de inspección para proteger los derechos de autor —por ejemplo, de autores y de compositores cuya obra se esté explotando de manera indebida en restaurantes y en hoteles— y la protección de la propiedad industrial, ya sean patentes, modelos de utilidad o diseños industriales. El contencioso administrativo es la parte armada.
El IMPI tiene un área internacional muy relevante. En ese ámbito, México forma parte de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y su instituto llegó a ser considerado uno de las 10 o 12 mejores instituciones de protección a la propiedad industrial a nivel global. Algo que decimos muy poco pero que habría que reconocer más, es que las patentes que se otorgan en México tienen un gran impacto en Centroamérica: el patentamiento que se otorga en esta zona geográfica se realiza a partir de los exámenes que se aplican en México respecto de sus patentes.
Otra competencia del IMPI es la relativa a la capacitación, la difusión y la promoción de la protección de la propiedad industrial. Esto es muy importante porque en México no existe una cultura de la protección a la propiedad intelectual e industrial y muchas veces los autores nacionales no saben cómo proteger sus obras. Por último —para mí esto es muy relevante—, la normatividad del Sistema Nacional de Investigadores tenía algunas cláusulas que inhibían el patentamiento —aunque ya se ha pensado en su reforma—; así, por ejemplo, a una persona investigadora el Sistema Nacional de Investigadores le otorga puntos por publicar sus patentes; sin embargo, si publica su paper y no lo registra en un año, pierde su novedad, y el investigador, la posibilidad del uso exclusivo de esa patente, de su invento o de su idea. Por otro lado, hay una norma en el artículo 36 de la Ley General en Materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación que señala que las personas inventoras que registren una patente en un centro de investigación público no recibirán regalías si ese producto se comercializa, lo que de alguna forma inhibe la generación de nuevas patentes. En resumen, la promoción se refiere a la forma en que difundimos la importancia de la propiedad industrial, de la protección de las marcas, de las patentes, de las denominaciones de origen y de las indicaciones geográficas, para la generación de una mejor economía. Ese es nuestro objetivo central.
Podría interesarte: «Reflexiones sobre la protección al patrimonio cultural»
Un esfuerzo importante de la actual transformación ha sido hacer de la democracia algo sustancial. ¿Cómo el IMPI ayuda a fortalecer la democracia?
Santiago Nieto – El IMPI trabaja en un ámbito particular; esto es, en el desarrollo económico. Por ejemplo, en los temas de género, nosotros trabajamos con un tipo de violencia muy particular: la violencia económica; las diferencias, por la brecha salarial, entre hombres y mujeres, a partir de los análisis que hemos hecho respecto de las marcas, señalan que 67 por ciento son de hombres mientras 33 por ciento son de mujeres. O sea, que dos de cada tres marcas son de hombres, lo significa una desigualdad económica importante; en cuanto a las patentes, 70 por ciento son de hombres, 16 por ciento son de grupos mixtos y solamente 14 por ciento son de mujeres.
¿Qué hacemos para fortalecer la democracia desde la perspectiva de género en materia de igualdad sustantiva? Campañas de precio diferencial, aplicando descuentos a las mujeres emprendedoras hasta de 90 por ciento; políticas públicas de empoderamiento de las mujeres de manera interna —de las 12 personas que formamos parte del cuerpo directivo ocho son mujeres y solamente somos cuatro hombres—, e integración de los grupos económicos menos favorecidos —desde una perspectiva de inclusión económica— a partir de denominaciones de origen y de indicaciones geográficas (la muñeca de Lele, por ejemplo, de Amealco, Querétaro, es un ejemplo de lo que estamos trabajando para que sea una indicación geográfica, para que cada vez que exista una explotación de esa muñeca las mujeres artesanas otomíes puedan tener un ingreso económico). Estamos convencidos de que la igualdad sustantiva que plantea la presidenta tiene que ver evidentemente con hombres y mujeres, pero también con las notorias desigualdades entre ellos. Rigoberta Menchú decía que ella era tres veces discriminada: por ser mujer, por ser pobre y por ser indígena. Eso es lo que tenemos que entender: que el IMPI no puede ser omiso ante estas desigualdades. La idea es que las indicaciones geográficas no solamente reconozcan la calidad de un determinado producto, sino que puedan ayudar a comercializarlo. Al final del día se trata de apoyar a los productores, grandes, pequeños y medianos, a partir del reconocimiento de la calidad de un producto que pueda generar mejores ingresos para todas y para todos.
Nuestra visión de apoyo a la democracia se basa en la protección de los derechos de las mujeres y de los grupos menos favorecidos y, evidentemente, en avanzar en la igualdad sustantiva a partir de la mejora en la economía.
¿Cómo la ciudadanía en general encuentra una garantía a sus derechos aquí en la IMPI?
Santiago Nieto – Estamos hablando de derechos de corte humano. El derecho a la propiedad intelectual consiste en que se le reconozca a alguien el uso exclusivo de una invención. De alguna forma, esta es la base del desarrollo tecnológico y científico que han tenido todos los países a lo largo de la historia. Lo que hace el IMPI es registrar y dar prioridad a los registros de conformidad con varios elementos que establece la ley, como la temporalidad y la credibilidad del uso previo. Si hay una violación a esos derechos, si se viola una patente, si se viola una marca, si se viola el derecho al uso de la imagen pública, hay una consecuencia jurídica que obliga al IMPI a instrumentar un procedimiento contencioso administrativo que puede llegar a anular una marca, establecer una infracción económica para quien violó una patente o una marca e, incluso, clausurar establecimientos mercantiles en los que se están cometiendo actos de piratería o de contrabando o en los que simplemente se violan los derechos de autor. En este sentido, la garantía, y lo que ha planteado el secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubón, es que el IMPI debe dar un mensaje claro de que en México se protege la propiedad intelectual y que se construye un Estado de derecho vigoroso, fuerte, particularmente con la introducción a nuestro país de las mercancías provenientes de Asia que están afectando a la industria mexicana.
¿Cuáles son las acciones particulares que van a marcar su gestión como titular de este instituto?
Santiago Nieto – Tengo una instrucción muy clara. En el seno de la Cuarta Transformación se afirma que una cosa es el cargo y otra es el encargo. Mis encargos son tres. El primero es el aumento de las patentes mexicanas. El IMPI tiene 31 años de historia y más de 8,000 patentes registradas. Somos la decimosegunda economía del mundo; el año pasado recibimos 36,000 millones de dólares de inversión extranjera directa; somos el socio comercial más importante de Estados Unidos y parte de la región económica más importante del mundo, Norteamérica. Pese a ello, hay dos patologías muy claras que nos afectan: una, tenemos menos de 30 por ciento de clase media, cuando un país con nuestros recursos debería tener una clase media mucho más ancha; dos, tenemos sólo 700 patentes en un año. ¿Qué tenemos que hacer? Aumentar el número de patentes a partir del intercambio de información, capacitación y talleres para que las personas registren sus patentes. Por ejemplo, en el Senado me decía Arquímedes Ruiz, el director del Centro Nacional de Metrología, que ellos poseen 100 inventos que no fueron patentados. Estamos analizando la posibilidad de que, si cumplen con las características que ya mencioné (la novedad, la innovación, la utilidad industrial), puedan ser comercializados para incrementar nuestro número de patentes. ¿Quién está patentando hoy en nuestro país? La Universidad Nacional Autónoma de México en primer lugar; el Politécnico; los centros de investigación de la Secretaría de Ciencias; la Universidad Autónoma de Nueva León; la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; en general, ahí se genera el mayor patentamiento del país. Estamos conscientes de que un país sin patentes, sin tecnología, es un país sin futuro. Cuando se presentó el Índice Global de Innovación, a finales del año pasado, vimos que México está catalogado a nivel global como el país 54 en innovación tecnológica, lo cual, insisto, es una patología, si tomamos en cuenta que somos la decimosegunda economía del mundo.
Mi segundo encargo es el combate a la piratería y al contrabando. Esta es una instrucción del secretario Marcelo Ebrard para dar cumplimiento al capítulo 20 del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, que nos obliga a garantizar la protección de la propiedad industrial, a generar acciones para combatir la violación a la propiedad industrial y mejorar y proteger a nuestra industria.
La industria textil ha perdido 60,000 empleos; la industria del calzado, 20,000 empleos, solamente en Guanajuato, lo cual es resultado de la importación de productos provenientes de Asia, particularmente de China, pero, en general, del sudeste asiático. ¿Cuál es nuestra ruta? Proteger a las industrias mexicanas (textil, calzado, juguete, industrias digitales) y la salud de las personas (alcohol, tabaco, medicamentos piratas, productos de belleza piratas).Mi tercer encargo es incrementar las denominaciones de origen y las indicaciones geográficas. Creemos que este puede ser un mecanismo para el desarrollo social de pueblos y comunidades indígenas. Pensamos que esto también puede propiciar que los pequeños productores tengan igualdad de oportunidades para presentar y comercializar sus productos. Creemos que la estandarización de la calidad, que finalmente es la denominación de origen de la identificación geográfica, va a ayudar mucho a que los productos mexicanos se comercialicen a nivel global. La marca de certificación Hecho en México tiene esa visión: afirmar que en México tenemos productos de altísima calidad. No solamente me refiero a marcas colectivas como los chiles en nogada o denominaciones de origen como la talavera de Puebla, sino a que estamos viendo en las patentes mexicanas cosas realmente valiosas, como las liberaciones de satélites, trenes eléctricos y generadores de energía solar, que se están produciendo con una altísima calidad y que es importante que el mundo conozca. Hoy tenemos clústeres vitivinícolas como el de Querétaro, pero también clústeres automotrices, en materia de semiconductores, en Puebla, Jalisco, Sonora y Querétaro. La ruta es dejar de ser un país armador. Hemos dejado atrás el país maquilador de Carlos Salinas de Gortari, pero tenemos que dejar de ser un país armador, sustituir nuestras importaciones y generar los productos desde México. Necesitamos elevar el contenido nacional de nuestras exportaciones, en lugar de que se traigan todas las partes de un vehículo aquí y aquí se arme, o una turbina de un avión, o una puerta para una aeronave. Lo que necesitamos es que los productos se construyan en México para que todo el valor añadido de la cadena de valor se quede en nuestro país y no en otros lados. Nuestro objetivo es medir las diferencias económicas. Estoy convencido de que el segundo piso de la Cuarta Transformación implicará ensanchar las clases medias. Necesitamos que haya más clases medias, más recursos y, por supuesto, mayor generación de inversión privada, de inversión pública y de inversión extranjera; trabajo para mexicanas y mexicanos, y empresas que paguen impuestos al fisco mexicano.